La aguja hallada entre un montón de agujas

Hace casi tres años, mi hijo me regaló un ejemplar de la novela más larga que nunca había leído antes. Soy lector voraz, pero solía escoger novelas de 800 páginas para abajo.

La novela regalada abarca 1104 páginas (edición de Vintage Español) y, desde luego, se llama 2666, escrita por Roberto Bolaño. Ya era aficionado a otras obras de Bolaño, cinco o seis novelas de altísima calidad y de las cuales la más larga (Los Detectives Salvajes) mide un poquito menos de 600 páginas.

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Baste decir que al principio este tomo de 2666 me parecía un desafío insuperable. Pero después de haber leído varios relatos e historias sobre esta novela, en junio de este año decidí leerla sin importarme cúanto tiempo me fuera a exigir.   ¡Gracias, mi hijo; gracias, mi esposa; gracias, Roberto Bolaño por haberse unido para que yo pudiera disfrutar este libro tan importante en la literatura mundial!

Tengo mucho que comentar sobre esta novela, así que ésta es la primera entrada qué escribiré al respecto. En total, creo que publicaré unas cinco entradas más, cada una con una perspectiva distinta.

Entre tanto, los dejo con esta cita, que comienza en la página 892 y termina en la 893. En esta época de la novella, Ivánov es un escritor, y nos ofrece este comentario de lo que es un escritor de verdad. Yo encuentro mucho más entre ringlones. Y ustedes, ¿Qué opinan?

Para Ivánov, un escritor de verdad, un artista y un creador de verdad era básicamente una persona responsable y con cierto grado de madurez. Un escritor de verdad tenía que saber escuchar y saber actuar en el momento justo. Tenía que ser razonablemente oportunista y razonablemente culto. La cultura excesiva despierta recelos y rencores. El oportunismo excesivo despierta sospechas. Un escritor de verdad tenía que ser alguien razonablemente simpático y tenía que saber que no granjearse enemigos gratuitos. Sobre todo, no alzar la voz, a menos que todos los demás  la alzaran. Un escritor de verdad tenía que saber que detrás de él está la Asociación de Escritores, el Sindicato de Artistas, la Confederación de Trabajadores de la Literatura, la Casa del Poeta. ¿Qué es lo primero que hace uno cuando entra en una iglesia?, se pregunta Efraím Ivánov. Se quita el sombrero. Admitamos que no se santigüe. Somos modernos. ¡Pero lo menos que puede hacer es descubrirse la cabeza! Los escritores adolescentes, por el contrario, entraban en una iglesia y no se quitaban el sombrero ni aunque los molieron a palos que era, lamentablemente, lo que al final pasaba. Y no sólo no se quitaban el sombrero: se reían, bostezaban, hacían mariconadas, se tiraban flatulencias. Algunos, incluso, aplaudían.

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Politicians and Lazy Reporters Will Always Spread Disinformation

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The statistics here are correct. Two million people who exposed themselves to drinking water will die this year. But is this useful information?

The following article is printed in full from The WGN News (Chicago):

Chicago NOT most dangerous U.S. city, new report says

CHICAGO — It’s common knowledge that Chicago is one of the nation’s most dangerous cities when it comes to gun violence.
But that’s only because it has one of the highest populations.
A non-profit news outlet that focuses on gun coverage called The Trace, found that in gun violence per capita, Chicago isn’t even in the top 10 — or the top 15.
Miami, Washington, D.C. and other metro areas are worse.
And here are the absolute worst: New Orleans is on top, followed by Detroit, St. Louis, Baltimore and Oakland.
You have to go all the way down to number 18 to find Chicago, right behind Pittsburgh.
The report points out that Chicago does have the most homicides but its murder rate per capita is one third as high as New Orleans.
In another report, Trace detailed that in 2016,  Chicago had a rate of 27.9 killings per 100,000 residents — half that of St. Louis, whose 188 murders amounted to 59.3 homicides per 100,000 people and preserved that city’s status as America’s murder capital.
Chicago recorded 762 homicides, and more than 3,000 shooting incidents in 2016 — the most in more than two decades.

Chicago’s needs to cope with the violence that plagues it. There is no argument against this; the numbers are abhorrent. I am not trying in any way to minimize the gunplay in my city last year. Rather I do, however, want to question the statistics that are being printed, broadcasted and decried by a number of politicians.

There is something very wrong with the way these numbers are presented, interpreted and shared. The statement that Chicago had 762 homicide deaths by firearms during 2016 is accurate, but can we say this is the most meaningful statistic?

Chicago had 762 homicides during all of 2016 while St. Louis had only 188. To add a little fuel to the fire, Baltimore reported 318. Therefore, using the raw numbers, Chicago would seem to be four times as dangerous as St. Louis and more than twice as dangerous as baltimore.

Let’s apply this logic one more time.  During 2015, Illinois had 25,652 deaths due to heart disease, while Iowa had only 6,813. Should we Illinoisans pack up in a hurry and move to Iowa? Isn’t that what these numbers are telling us? Or maybe there’s more to it.

At this point it is important that we realize that every number I have used is a valid statistic. Nothing faked here at all. Even so, the problem with this method is that it makes us draw the wrong conclusions when we try to make comparisons. We desperately need, in all cases, to use the appropriate statistic –to pick from all the numbers and tables published just those numbers that are not only correct, but are also meaningful.

The newspaper article above tells us that in these cases the raw statistics have to be factored by their occurrence per 100,000 population.

When we compare correctly, last year Chicago came in at 18th place, meaning 17 cities were more dangerous. But we rarely hear of them. Donald Trump loves to single out Chicago as the murder capital of the country. Very bad, he says. Somebody needs to whisper in his ear that he is living in a city more dangerous than Chicago. Washington, D.C. was #13 on the list of worst cities. The example of heart disease comes out the same way, so I won’t go through the exercise of explaining it.

No, Chicago does not have shootings under control. And it is not as simple as catching the shooters and putting them in jail. Until whole neighborhoods are rid of despair and unjust economic barriers, there will always be a new generation of shooters who quickly rise to take their predecessors places.

But in the meantime, let’s no distort the facts. They are simple enough to dig up if anyone cares enough to do so.

There are more murders in Chicago each year than in New York and Los Angeles combined. But it isn’t the deadliest large city in America.

To those who read this post, I apologize for its length. If I had thought of an appropriate way, I would have made it shorter.

World Naked Bike Ride, Chicago Version

Strange and beautiful things happen in large cites. This is just one of them.

World Naked Bike Ride, June 9, 2017, Chicago Style :

The slogan of this ride was:

Celebrating freedom from oil and the beauty of people!

An enjoyable way to be “free from oil” is to ride a bike. And what better way to celebrate the beauty of people than to take off as much clothing as you feel “comfortable” witout reaching the point of embarrassment or self-shame.

The event’s architects planned for this.  Some significant number of riders wore some clothing or sported large amounts of body paint. What’s more, in Chicago you are subject to arrest if, man or woman, you reveal full frontal nudity  . In the spirit of the event the police tended to let it go. There were a significant number of people who participated au naturel.

Events like this Bike Ride in Chicago draw participants from smaller towns who have no practical way to pull this off in their home community.

Permanencia literaria

A los seguidores a quienes les gusta leer, por favor lean lo siguiente, escrito por la autora Jacinta Escudos, y dejan sus comentarios si les nace hacerlo. Muchas gracias, Richard

Jacintario

Hace pocos años, en uno de mis talleres de narrativa, le di de leer a los participantes algunos cuentos de El llano en llamas, del escritor mexicano Juan Rulfo. Varios son joyas del género y suelo usarlos para ejemplificar la efectividad del uso del diálogo, la descripción y la creación de ambientes mediante la sobriedad del lenguaje.

Pero cuando tocó discutir los cuentos, noté que algo pasaba. Pocos habían leído o terminado de leer los cuentos. Por fin, algunos participantes confesaron que les aburrió Rulfo y que querían leer cosas que tuvieran más relación con el tiempo actual.

Recordé mis días de colegio. De pronto me sentí como alguno de aquellos profesores que nos obligaron a leer textos que nos aburrían y que para muchos implicó el alejamiento definitivo de la lectura. Muy de vez en cuando, alguna de esas lecturas obligadas me impactaba y pasaba a formar parte de…

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LOS HUEVOS DE PASCUA QUE NOS BRINDÓ ROBERTO BOLAÑO

Y seguimos con Bolaño. Continúo el comentario que empecé en mi última entrada.

Con excepción de Pong, nunca en la vida he jugado videojuegos.  Lo poco que sé es debido a haber oído a mis hijos hablar de ellos.  Un aspecto que intensifica el entusiasmo de los jugadores son los  huevos de Pascua (inglés: Easter Eggs), una suerte de premios que los creadores de los juegos encastran en el software para que los jugadores astutos puedan sacar más provecho de su juego. Son difíciles de encontrar e identificar; parecen poca cosa, pero aguardan la posibilidad de más horas de diversión.

Sin duda Roberto Bolaño nos deja varios huevos de pascua en su novela Los sinsabores del verdadero policía (Anagrama, 2011). Primero, revisemos el contexto del autor durante el desarrollo de esta novela. Es fascinante la carrera de la creatividad artística contra el tiempo que exponen los últimos años de su vida. Bolaño  comenzó a escribir esta novela en 1985, pero no la había acabado antes de su muerte en 2003. Supo de su grave enfermedad hepática en 1993 y en el anunciamiento del lanzamiento de 2666, otra novela póstuma de Bolaño, la revista Semana nos explica lo siguiente:

Desde que se enteró, en 1993, de que sufría de una grave enfermedad hepática, este chileno se dedicó a escribir contra el tiempo: Bolaño era consciente de que su cuerpo no lo acompañaría hasta donde su fuerza creativa lo podía llevar.

Su afligido cuerpo iba a truncar la plenitud de creatividad que su ser contenía. ¿Cómo habría respondido este dotado autor a tal nueva?

De allí, los juevos de Pascua. Específicamente, en la Parte IV de Los sinsabores del verdadero polica, bajo el título de J. M. G. Arcimboldi, Bolaño interrumpe el flujo de su narrativa para dedicar cuatro breves capítulos a siete novelas escritas por Arcimboldi, un autor ficticio que ya había aparecido en otras obras de Bolaño, inclusive la muy reconocida y premiada 2666.  Segun la historia de este personaje,  Arcimboldi era el seudónimo  de, otro autor ficticio, Hans Reiter, y había ganado fama en el mundo literario y después simplemente se esfumó. No solamente nombró estas novelas, también incluyó  las editorales, fechas de edición, y una reseña de cada una.

Mi pregunta, basada en nada más la corazonada de un lector voraz, es: ¿En qué pensaba  Bolaño cuando decidió incluir tantos detalles de obras inexistentes?

Estamos hablando de un escritor obsesionado por su arte. Para mí es fácil creer que había tenido, en varios estados de desarrollo, ideas y bosquejos para otras obras en el futuro. Pero ya tenía que aceptar que lo poco de vida que le quedaba no fue suficiente para llevar estas obras a cabo. Intentando ponerme en su situación, me hubiera gustado publicar de manera encubierta mis proyectos que ya no era capaz de llevar a cabo , para que siempre quedara duda al respecto. Abajo les dejo un ejemplo citado directamente de esta novela.

El Bibliotecario (Gallimard, 1966, 185 paginas)

El protagonista se llama Jean Marchand. Es joven, de buena familia y quiere ser escritor. Tiene un manuscrito, El Bibliotecario, en el que trabaja desde hace tiempo. Una edirorial en donde es posible adivinar a Gallimard, lo contrata como lector. Marchand, de la noche a la mañana, se ve sepultado bajo de cientos de novelas inéditas. Primero decide postergar su libro. Luego decide abandonar sus pretensiones  literarias (al menos la práctica, si no la pasión) y dedicarse a la carrera de otros escritores. Se ve a sí mismo como un médico en un leprosario de la India, como un monje entregado a una causa superior.

Lee manuscritos, mantiene largas entrevistas con los autores, los aconseja, los llama por teléfono, se interesa por su salud, los presta dinero, pronto hay un grupo de unos diez que puede considerar algo propio, obras en cuya elaboración está implicado. Algunas, pocas, se publican. Hay fiestas y proyectos. Las otras, imperceptiblemente van engrosando una colección de manuscritos inéditos que Marchand guarda celosamente en su casa. Entre esos manuscritos ajenos, su novela El Bibliotecario, inconclusa y perfectamente mecanografiada, bien encuadernada, una belleza entre originales manoseados, borroneados, arrugados, sucios; un manuscrito hembra entre manuscritos machos. [. . .] Su prestigio en la editorial, como no podría ser menos, va en aumento. Ha recomendado la publicación de un joven escritor que es el éxito de la temporada,  [. . .]

Con el tiempo uno de sus escritores se suicida. Otro se pasa al periodismo. Otro, con recursos, escribe una segunda y una tercera novela que sólo Marchant leerá y elogiará. Otro publica en una editorial de provincia. . .

 

Este resumen continúa por una página más, adelantando una trama bolañiana y más detalles que en, su unidad, podrían imaginarse reseña de una novela inédita. Pero recordemos lo que el mismo Bolaño dijo sobre Los sinsabores del verdadero policía:

. . .Ochocientas mil páginas, un enredo demencial que no hay quien lo entienda”.

En mi opinión, su reseña de El bibliotecario, novela cuyo registro sólo lo está presente en los textos de Bolaño, nos presenta ese otro «enredo demencial» que realmente quiere tanto despistarnos como ubicarnos. Quien lea esta reseña por completo se enfrentará con una mezcolanza de información que en su totalidad «no hay nadie que la entienda». Es como ir a un restaurante y tener que lidiar con una carta que te restringe a una opción de ensalada de la Columna A, dos entradas de Columna B, o una opción de Columna B y otra de Columna C. Ese imposible seleccionar todo, entonces: ¿Qué incluir? ¿Qué dejar por fuera?

A mí me parece que Bolaño aprovecha la encrucijada de la proximidad de su muerte para tomarnos el pelo; es decir, para dejarnos un legado poco entendible y característicamente demencial.

Creo que le urgía compartir sus ideas sobre futuros proyectos. Pero él mismo no contaba con el tiempo necesario para refinar todas las posibilidades de cada proyecto. Así que nos guiñó y dejó todo, esperando que nadie fuera a divisar los huevos de pascua dentro de los siete batiburrillos indescifrables.

Los dejo con las palabras del mismo Bolaño, refiriéndose a Los sinsabores del verdadero policía:

El policía es el lector, que busca en vano ordenar esta novela endemoniada.

Divagaciones de un Gato

Gracias, Zoe Ruíz. Sabiduría felina que inspira la instrospección por parte de la raza humana.

Historias Furtivas

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He hecho uso de mis siete vidas caminando sobre infinitos tejados, en busca de respuestas, pero ni siquiera la Luna, que entiende el lenguaje de mis maullidos, ha podido ayudarme a resolver el misterio que envuelve a las personas. Así es, soy un gato y como todos los gatos, los perros o cualquier especie sobre y bajo la tierra, no consigo entenderlas. Quizás, su misterio radica en su contradictorio afán de mantenerse unidas, pero separadas por barreras, no como nosotros, que lo mismo nos da si somos angoras, siameses o callejeros y que nos reconocemos el uno en la mirada del otro, respetamos nuestros respectivos territorios y hacemos las paces después de reñir para obtenerlos. Las personas también son territoriales, pero no siempre hacen las paces y se aíslan alzando muros entre ellos, como si olvidaran que se necesitan entre sí. Sin embargo, después de cualquier suceso catastrófico, sea o…

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LA ÚLTIMA NOVELA DE ROBERTO BOLAÑO

 

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Roberto Bolaño (1953 – 2003) vía jotdown.es

“Desde hace años trabajo en una (novela) que se titula Los Sinsabores del Verdadero Policía y que es MI NOVELA. El protagonista es un viudo, 50 años, profesor universitario, (con una) hija de 17, que se va a vivir a Santa Teresa, ciudad cercana a la frontera con los USA. Ochocientas mil páginas, un enredo demencial que no hay quien lo entienda”.                                      —Roberto Bolaño  1995

¡FELIZ DÍA DEL LIBRO A TODOS!

En honor a este día tan especial para nosotros, les presento algunos comentarios sobre la novela que acabo de leer. La recomiendo sin reservas a todos que no sean disuadidos por los siguientes hechos y observaciones.

Winston Churchill, el Primer Ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, dijo alguna vez, «Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma». En el inglés contemporaneo solemos usar esta descripción independientemente de la política para calificar un asunto como más  que meramente perplejo: por ejemplo, «el universo es un acertijo. . .»

Para mí, Los sinsabores del verdadero policía, una de las novela escritas durante los últimos quince años de la vida de Roberto Bolaño, se alínea sin duda a esta descripción. De hecho, casi todas sus novelas son así y especialmente sus más apremiadas. De ésta última, algunos críticos dicen que carece de cierta credibilidad debido a que el mismo Bolaños no la acabó, tal cual su novela 2666. Dicen que las dos fueron editados postúmamente y de allí no demuestran todos los toques maestros que pudieron haber tenido.

El renombrado editor Jorge Herralde de Anagrama dijo esto sobre Los sinsabores del verdadero policïa:

« [La] lectura de la novela nos convence de que estamos ante una obra de una calidad literaria extraordinaria, en el territorio de ‘2666’ y ‘Los detectives salvajes’, es decir, del Bolaño en su mejor forma”.

Bueno, ya he leído ocho novelas de Bolaño (trece, si los cinco partes de 2666 son de verdad cinco novelas, como el mismo Bolaño las denominó) y hay tres cosas que me quedan claras que quiero compartir aquí:

  • Las novelas de Bolaño casi nunca tienen climax. La historia misma es lo que más le importa al lector. Leer sus novelas es como pasear en montaña rusa: la emoción más intensa se siente durante la trayectoria y no cuando el tren para al final.
  • Leer a Bolaño implica pausar, reflexionar, volver a leer y esculcar el texto buscando en vano lo que no se encuentra en ninguna parte.
  • Leer a Bolaño es reirse de cosas insólitas, identificar dentro de ti mismo cierta semejanza con algunos de los personajes, desde los más ejemplares hasta los más abyectos. Siento que comprendo más de la naturaleza humana y que, gracias a estas lecturas, estoy dispuesto a aceptar más de ella tal como es.

Si quieren conocer las obras de Bolaño que siguen una cronología, tienen una historia que mantiene su unidad de principio a fin, y hasta llevan un aire de misterio que se aclara dentro de la misma novela, les recomiendo La pista de hielo (1993) y Nocturno de Chile  (2000).

 

Maravillosa fórmula para cuidar el alma escrita por Claudia Hernández

Mira arriba y dale permiso al sol que llegue a tus pies y suba a tu frente. Que te haga sudar todos los problemas que se encuentran en tu vida y que se pierdan. Siente el sol y deja que te alivie un poco el alma.

Mira abajo y permite que la arena acaricie el daño que ha sufrido tu cuerpo. Puede ser incómoda pero suave a la vez; quema pero refresca. Siente la arena y deja que su dorado se camufle en ti y te convierta en oro.

Mira al frente, siempre. Sumérgete en lo infinito del océano y que tu vida fluya como las olas. Húndete en lo que la vida te envíe. Bucea entre todo lo bueno y malo y confía que nunca te quedarás sin respirar porque estas hecho para soportar todo lo que venga.

Eres fuerte y siempre lo serás si te permites sentir. Siente el mar y deja que te ayude a vivir. Puede que la vida no sea tan mala como pensabas.

©Claudia Hernández

via Siente el mar.  — Claudia Hernandez

City Life

I know of no author who can portray today’s big city life more masterfully than Don DeLillo. His words are accurate and loaded with the emotion that city living evokes. The insights he shares didn’t come his way by  majoring in urban studies at some distant university; he got them by pounding the pavement in his native Bronx and the rest of New York City (NYC) before fame ever found him.

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In his latest novel, Zero K, he offers a glimpse of modern city life and especially homelessness:

Languages, sirens all the time, beggar in a bundled mass, man, or woman, hard to tell even when I approach and drop a dollar in the dented plastic cup. Two blocks farther on I tell myself that I should have said something, and then I change the subject before it gets too complicated.

“Before it gets too complicated.” These words still give me goosebumps every time I read them. It’s what we have to do in the cities. Find a way to live with the complexities of languages, cultures, religions, mental states and economic disparities. And you have to embrace it too or it will defeat you.

According to U.S. Census data, a total of 192 different languages are spoken in NYC homes, while 156 are spoken in Chicago. And languages reflect cultures; those who speak different languages also have different customs, traditions, moral codes and holidays. At first glance these numbers seem to be cool statistics, but how do you run a city with them? How do you prepare schools and teachers? First responders? Libraries?

Now, despite their relatively harsh winters, both  NYC and Chicago have homeless populations numbering in the tens of thousands. Everyone agrees there is a problem, but agreement on what exactly is the problem is another story. A solution, if their is one, depends on defining the problem(s), identifying the various causes and the level of empathy and tolerance on the part of the overall population when it come to taking actions. Whew!

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Chicago Homeless Camp via Chicago Sun Times

I suggest you read the DeLillo quote again. We all feel it to some degree when encountering  a homeless person. Am I being conned? Should I give? If I do, how much? Is he or she drunk? If so, do I help out or not? What about the next person and the next? Should I offer something more —something that may take my time as well as my money? Should I have said something too instead of avoiding eye contact? Is this person critically ill? Should I call an ambulance? . . .

About all any one person can do is change the subject before it gets too complicated.  That and keep the resolve to stay in the city and stay engaged.

Of Moneymakers and Artists

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What cannot be measured in dollars and cents? This is a question that used to have many more answers that it has today.

Take movies, for example. How are script writers, directors and actors valued by those who fund their production? The measure is usually one-dimensional: box office success. As a result, movies are made almost exclusively according to their appeal to general audiences. If you watch clips of actors being interviewed nowadays it is not unusual to hear them yearn for the availability of independent productions, movies which would allow them to test their ability to interpret meaningful scripts and bring fleshed-out characters to life. Here, the word independent is synonymous with low budget and targeted appeal —conditions which rarely, if ever, will attract investors. Top-earning actors and directors have themselves become investors in their own independent films as a last resort to get them produced.

Now, in reference to the quote illustrated above, let’s take a similar look at fiction writing. Juan Carlos Onetti, a marvelous Uruguayan writer whose books, if measured by sales volume, were largely unsuccessful during his lifetime, has subsequently emerged as a literary artist of the highest magnitude. Many of his contemporary peers have been the ones to affirm this.

The quote above, translated to English, says the following:

The author who writes what everyone likes may be a good writer but will never be an artist.

So, in line with movie production, most new novels are green-lighted based on their projected sales appeal to specific audiences. In this case, however, the novels published are marketed according to the specific tastes (genres) of the reading public: romance fiction; science fiction; and other categories such as historical, mystery, crime, and so on. Sadly, the category of literary fiction is often the last to be funded, unless the author in question has already acquired a demonstrable following that makes a new novel less risky to the publisher.

Students of film and writing are made aware of these conditions and then encouraged to follow the path of least resistance. As a result, we have gradually discouraged the artists among us while encouraging those who generate good books and movies —”good” as measured along that one-dimensional axis of dollars and cents.