Trenzado

Esta breve y poderoso poema fue escrito por Marina López Ferández. No puedo explicarles por qué me conmovió tanto, lectura tras lectura. Creo que fue el intento de ligar dos cosas, aves y sueños. Los dos son efímeros, aves en el mundo tangible, y los sueños pasan por al mundo subconsciente y, en muchos casos, al olvido, aun antes de que el soñador se despierte. No obstante, de cuando en cuando un ave se queda en el arbol del pation y un sueño se queda en la memoria.  Cuáles se quedan y cuáles se van nunca están bajo nuestro control.

Qué encantador es este poema en el cual pocas palabras resultan en tantas reflecciones.

Por el hueco de la escalera

Pensando…,

intenté ligar

Aves

con tiernos sueños…

Soñando…,

dejé escapar

Nidos

con susurros huecos…

De pensamiento

M. L. F

Origen: El poder de las letras…

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Of Love and Other Mysteries

 Try this exercise: Go out to a park or into a bar or church and ask several individuals their definition or understanding of ‘love’.

The answers you succeed in getting will surely be disparate and difficult to synthesize. Our age, sex, culture, religion (if any) and personal experiences will all influence our responses. Many will believe that true love, like Peace on Earth and other ideal states, is unattainable. Others will believe it’s a discipline, so if you play according to the rules, it will eventually be yours. Some will confuse it with infatuation —an obsessive and unsustainable flooding of emotions, that will always include that I’ll-die-if-you-leave-me feeling.

So what is it, exactly?

There is no simple answer and, indeed, it may be beyond human capacity to define. I believe this but respect the rights of others to define it as they will. One of the most challenging definitions is the following, which is often read at church weddings here:  

Love is patient, love is kind. It does not envy, it does not boast, it is not proud. It does not dishonor others, it is not self-seeking, it is not easily angered, it keeps no record of wrongs. Love does not delight in evil but rejoices with the truth. It always protects, always trusts, always hopes, always perseveres. (1 Cor. 13:4-7)

If this doesn’t make you count to ten, take a deep breath, think twice or leave the door to conjugal love closed altogether, then nothing will.

One of my favorite authors is Raymond Carver, known widely for his short stories and poetry. He was a smoker and full-blown alcoholic, who eventually sought treatment for his addiction in 1974, though he continued to drink until his third 682F5342-68F8-4F01-B5C9-F25DB515DE8Chospitalization in 1977. Among other things, he was warned that the threat of death was imminent for him if he kept drinking.

During that same year he met Tess Gallagher at a writers’ conference in Dallas, TX, and in 1979 they began to live together. They waited until June of 1988 to marry and six months later Carver died of lung cancer on August 8, 1988. Carver hadn’t divorced his first wife until 1982, and much of his earlier emotional troubles were undoubtedly traceable beak to their married life and eventual breakup.

Carver and Tess knew he was dying well before they decided to marry. Somewhere within his troubled history he had kept his sense of love alive. His prior life and decision to marry made me look into his work to see what he thought of love. I will leave you with two of his poems, both written just prior to his death, which fulfilled my search.

Cherish

From the window I see her bend to the roses
holding close to the bloom so as not to
prick her fingers. With the other hand she clips, pauses and
clips, more alone in the world
than I had known. She won’t
look up, not now. She’s alone
with roses and with something else I can only think, not
say. I know the names of those bushes
given for our late wedding: Love, Honor, Cherish—
this last the rose she holds out to me suddenly, having
entered the house between glances. I press
my nose to it, draw the sweetness in, let it cling—scent
of promise, of treasure. My hand on her wrist to bring her close,
her eyes green as river-moss. Saying it then, against
what comes: wife, while I can, while my breath,                                                               each hurried petal
can still find her.

Late Fragment[1]

And did you get what
you wanted from this life, even so?
I did.
And what did you want?
To call myself beloved, to feel myself
beloved on the earth.”

Please take from them what you find, even if it is nothing. For me, they take me closer to and understanding of love in its fullest sense.

 

[1](Both poems) Carver, Raymond (1989) A New Path to the Waterfall. New York, NY: Atlantic Monthly Press

Juan Carlos Onetti Sobre la Fe

80ACF78D-C31E-4CF9-915C-F2CE081BBF1AUn gran don que tenía Juan Carlos Onetti era el de enfurecer a la gente que se jactaba de su superioridad moral. Sin lugar a dudas la siguiente cita tomada de su novela Dejemos hablar al viento es inflamatoria, especialmente para la gente que cree que ya conoce la única real y completa verdad que conlleva el poder de salvar o condenar.

En lugar de profundizar este candente tema aún más, prefiero que el mismo Onetti exprese su, al parecer, radical opinión de la ‘fe’.

Desde muchos años atrás yo había sabido que era necesario meter en la misma bolsa a los católicos, los freudianos, los marxistas y los patriotas. quiero decir: a cualquiera que tuviese fe, no importa en qué cosa; a cualquiera que opine, sepa o actúe repitiendo pensamientos aprendidos o heredados. Un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre. La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal; es bueno escucharlos asintiendo, medir en silencio cauteloso y cortés la intensidad de sus lepras y darles siempre la razón. Y la fe puede ser puesta y atizada en lo más desdeñable y subjetivo. En la turnante mujer amada, en un perro, en un equipo de fútbol, en un número de ruleta, en la vocación de toda la vida.

(Onetti, J.C., 2016, Dejemos hablar al viento; Barcelona; Penguin Random House, p.p. 17-18)

Creencias como ésta de Onetti son capaces de airar a quienes basan su fe en una realidad absoluta, algo que Onetti quiso desmentir filosófica y teológicamente.

La mejor expresión de la realidad en términos humanos se encuentra en este ensayo El Humanismo Radical de Juan Carlos Onetti, escrito por Victor Hugo Martínez González:

Ese misterio [de la vida] consiste, para Onetti, en la capacidad humana de reponer un Sentido que la realidad deshace. Donde el individuo concibe lo absoluto, la realidad responde con la finitud y precariedad de toda experiencia; lo que debería ser trascendente se concreta así en un accidentado orden de desengaños. Por esa consciencia de la humana desgracia, Onetti subsana con la ficción el carácter incompleto de la vida, disloca y reinventa lo que sin la imaginación más libre y subversiva sería insoportable.

Para mejor entendimiento de las obras de Onetti, es esencial reconocer este recurrente tema de que el ser humano no tiene capacidad de captar el sentido de cualquier realidad absoluta, y en su defecto sigue una y otra vez aferrándose  a los imperfectos e incompletos sentidos que resultan de este ‘accidentado orden de desengaños.

 

Bolaño: Encuentro de historias culturales

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En mi última entrada puse la cita siguiente tomada de la novela 2666 de Roberto Bolaño, escrita durante los últimos años de su vida. No me acaba de sorprender su intensidad, sus maneras de ser interpretada. Debajo de la misma cita  se encuentran mis interpretaciones sobre lo que Bolaño quiso decirnos en este párrafo.

“Ivánov, un escritor de verdad, un artista y un creador de verdad era básicamente una persona responsable y con cierto grado de madurez. Un escritor de verdad tenía que saber escuchar y saber actuar en el momento justo. Tenía que ser razonablemente oportunista y razonablemente culto. La cultura excesiva despierta recelos y rencores. El oportunismo excesivo despierta sospechas. Un escritor de verdad tenía que ser alguien razonablemente tranquilo, un hombre con sentido común. Ni hablar demasiado alto ni provocar polémicas. Tenía que ser razonablemente simpático y tenía que saber no granjearse enemigos gratuitos. Sobre todo, no alzar la voz, a menos que todos los demás la alzaran. Un escritor de verdad tenía que saber que detrás de él está la Asociación de Escritores, el Sindicato de Artistas, la Confederación de Trabajadores de la Literatura, la Casa del Poeta. ¿Qué es lo primero que hace uno cuando entra en una iglesia?, se pregunta Efraím Ivánov. Se quita el sombrero. Admitamos que no se santigüe. De acuerdo, que no se santigüe. Somos modernos. ¡Pero lo menos que puede hacer es descubrirse la cabeza! Los escritores adolescentes, por el contrario, entraban en una iglesia y no se quitaban el sombrero ni aunque los molieran a palos, que era, lamentablemente, lo que al final pasaba. Y no sólo no se quitaban el sombrero: se reían, bostezaban, hacían mariconadas, se tiraban flatulencias. Algunos, incluso, aplaudían.”

Lo que primero me sorprende de estos pensamientos de Efraím Ivanov es que se encuente cinco veces en este párrafo la frase “un escritor de verdad”. Esta repetición está en pleno contraste con la única mención de otros autores –aquella de “los escritores adolescentes”. Ahora bien, ¿Qué se puede decir de la diferencia entre ‘un escritor de verdad’ y ‘un escritor adolecente’? Yo veo una clara distinción, una jerarquía inegable en la mente de Ivánov.

B72E2945-7A0C-4D5E-8957-57DA9E206263De acuerdo con este texto el escritor de verdad tenía que ser casi igual que todos los otros escritores de verdad. Los parámetros eran muy restringidos. No había mucha libertad de expresarse porque aquellas normas implicaban una estricta uniformidad.

En los años 40 del siglo XX, Ivánov se nos expone pensando lo que le faltaba a él para que tuviera más éxito en su trabajo de escritor. Creía que necesitaba, “El paso decisivo, el golpe de audacia.” En seguida ocupan sus pensamientos el “. . .joven judío Ansky y sus ideas disparatadas, sus visiones siberianas, sus incursiones en tierras malditas, el caudal de experiencia salvaje que solo puede tener un joven de dieciocho años.” De allí Ivánov sigue para despreciar de una manera u otra a unos diez escritores más, que fueran escritores de ficciones, de poesía, o dramaturgos.

Si buscamos el periodo de los autores rusos de verdad, una opción que me llama mucho la atención, es aquello que comienza con Puskin en los años 30 del siglo 19, junto con Dostoyevsky, Tolstoy, Turgenev, Chekhov.

A partir de 1890, la novela y poesía rusas empezaron a mostrar una predilección por el fermento intelectual que incluye el misticismo, ascetismo, neo-Kantianismo, erotismo, marxismo, apocaliptcismo, nietzscheanismo y otras movimientos combinados entre si en maneras improbables.

Me parece que Ivánov se coloca en la época justo después de los autores rusos clásicos arriba mencionados. Aprovechando su analogía del comportamiento en la iglesia, él mismo admite que no se santigua al entrar —‘Somos modernos”.

Para la gran mayoría de los autores de la época, la novela todavía mantenía convenciones de lenguaje y de la representación de ciertas acciones de los personajes. No se escribieron palabrotas o escenas de expresiones sexuales. Esta convención continuó por décadas después de la época de Ivánov, con excepción de los libros pornográficos disponibles en los mercados clandestinos. En aquella época, los escritores de verdad podían contar con el visto bueno de la iglesia cuando éstos no eran prohibidos y se escapaban del Index Librorum Prohibitorum –Libros prohibidos por la Iglesia Católica.

Ivánov decía ‘Somos modernos’, y nos explica este término diciendo que ya no se santigua al entrar en una iglesia. Nos dice que ya no es, según su propia definición, un autor de verdad. Pero no se ha alejada mucho de ellos; son los jóvenes autores que se han roto con todas las normas y reglas de la escritura de verdad. Son ellos quienes no se quitan el sombrero, y después hacen despreciables disrupciones hasta aplaudir y tirar flatulencias.

Este párrafo de 2666 trata el tema de la evolución literaria, hay muchos componentes de las culturas que ha seguido la misma trayectoría: las religiones, al principio del dogma, los ritos  y las creencias propios y a veces exclusivos, una exclusividad que ha sido motivos de guerras y ejecuciones. Casi todas ya han evolucionado hasta que el dogma, las creencias y los ritos carecen de normas. Se podría decir que cada grupo de fieles (¿Files a qué y a quién?) tiene su religión particular. Al pensarlo bien, lo mismo ha pasado en los campos de la música, los componentes de una ‘buena educación’, la ética, la moral, etcétera.

 

La aguja hallada entre un montón de agujas

Hace casi tres años, mi hijo me regaló un ejemplar de la novela más larga que nunca había leído antes. Soy lector voraz, pero solía escoger novelas de 800 páginas para abajo.

La novela regalada abarca 1104 páginas (edición de Vintage Español) y, desde luego, se llama 2666, escrita por Roberto Bolaño. Ya era aficionado a otras obras de Bolaño, cinco o seis novelas de altísima calidad y de las cuales la más larga (Los Detectives Salvajes) mide un poquito menos de 600 páginas.

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Baste decir que al principio este tomo de 2666 me parecía un desafío insuperable. Pero después de haber leído varios relatos e historias sobre esta novela, en junio de este año decidí leerla sin importarme cúanto tiempo me fuera a exigir.   ¡Gracias, mi hijo; gracias, mi esposa; gracias, Roberto Bolaño por haberse unido para que yo pudiera disfrutar este libro tan importante en la literatura mundial!

Tengo mucho que comentar sobre esta novela, así que ésta es la primera entrada qué escribiré al respecto. En total, creo que publicaré unas cinco entradas más, cada una con una perspectiva distinta.

Entre tanto, los dejo con esta cita, que comienza en la página 892 y termina en la 893. En esta época de la novella, Ivánov es un escritor, y nos ofrece este comentario de lo que es un escritor de verdad. Yo encuentro mucho más entre ringlones. Y ustedes, ¿Qué opinan?

Para Ivánov, un escritor de verdad, un artista y un creador de verdad era básicamente una persona responsable y con cierto grado de madurez. Un escritor de verdad tenía que saber escuchar y saber actuar en el momento justo. Tenía que ser razonablemente oportunista y razonablemente culto. La cultura excesiva despierta recelos y rencores. El oportunismo excesivo despierta sospechas. Un escritor de verdad tenía que ser alguien razonablemente simpático y tenía que saber que no granjearse enemigos gratuitos. Sobre todo, no alzar la voz, a menos que todos los demás  la alzaran. Un escritor de verdad tenía que ser alguien razonable tranquillo, un hombre con sentido común. Ni hablar demasiado alto ni provocar polémicas. Tenía que ser razonable simpático y tenía que saber no granjearse enemigos gratuitos. Sobre todo no alzar la voz, a menos que todos los demás la alzaran. Un escritor de verdad tenía que saber que detrás de él está la Asociación de Escritores, el Sindicato de Artistas, la Confederación de Trabajadores de la Literatura, la Casa del Poeta. ¿Qué es lo primero que hace uno cuando entra en una iglesia?, se pregunta Efraím Ivánov. Se quita el sombrero. Admitamos que no se santigüe. De acuerdo, que no se santigüe. Somos modernos. ¡Pero lo menos que puede hacer es descubrirse la cabeza! Los escritores adolescentes, por el contrario, entraban en una iglesia y no se quitaban el sombrero ni aunque los molieran a palos que era, lamentablemente, lo que al final pasaba. Y no sólo no se quitaban el sombrero: se reían, bostezaban, hacían mariconadas, se tiraban flatulencias. Algunos, incluso, aplaudían.

Politicians and Lazy Reporters Will Always Spread Disinformation

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The statistics here are correct. Two million people who exposed themselves to drinking water will die this year. But is this useful information?

The following article is printed in full from The WGN News (Chicago):

Chicago NOT most dangerous U.S. city, new report says

CHICAGO — It’s common knowledge that Chicago is one of the nation’s most dangerous cities when it comes to gun violence.
But that’s only because it has one of the highest populations.
A non-profit news outlet that focuses on gun coverage called The Trace, found that in gun violence per capita, Chicago isn’t even in the top 10 — or the top 15.
Miami, Washington, D.C. and other metro areas are worse.
And here are the absolute worst: New Orleans is on top, followed by Detroit, St. Louis, Baltimore and Oakland.
You have to go all the way down to number 18 to find Chicago, right behind Pittsburgh.
The report points out that Chicago does have the most homicides but its murder rate per capita is one third as high as New Orleans.
In another report, Trace detailed that in 2016,  Chicago had a rate of 27.9 killings per 100,000 residents — half that of St. Louis, whose 188 murders amounted to 59.3 homicides per 100,000 people and preserved that city’s status as America’s murder capital.
Chicago recorded 762 homicides, and more than 3,000 shooting incidents in 2016 — the most in more than two decades.

Chicago’s needs to cope with the violence that plagues it. There is no argument against this; the numbers are abhorrent. I am not trying in any way to minimize the gunplay in my city last year. Rather I do, however, want to question the statistics that are being printed, broadcasted and decried by a number of politicians.

There is something very wrong with the way these numbers are presented, interpreted and shared. The statement that Chicago had 762 homicide deaths by firearms during 2016 is accurate, but can we say this is the most meaningful statistic?

Chicago had 762 homicides during all of 2016 while St. Louis had only 188. To add a little fuel to the fire, Baltimore reported 318. Therefore, using the raw numbers, Chicago would seem to be four times as dangerous as St. Louis and more than twice as dangerous as baltimore.

Let’s apply this logic one more time.  During 2015, Illinois had 25,652 deaths due to heart disease, while Iowa had only 6,813. Should we Illinoisans pack up in a hurry and move to Iowa? Isn’t that what these numbers are telling us? Or maybe there’s more to it.

At this point it is important that we realize that every number I have used is a valid statistic. Nothing faked here at all. Even so, the problem with this method is that it makes us draw the wrong conclusions when we try to make comparisons. We desperately need, in all cases, to use the appropriate statistic –to pick from all the numbers and tables published just those numbers that are not only correct, but are also meaningful.

The newspaper article above tells us that in these cases the raw statistics have to be factored by their occurrence per 100,000 population.

When we compare correctly, last year Chicago came in at 18th place, meaning 17 cities were more dangerous. But we rarely hear of them. Donald Trump loves to single out Chicago as the murder capital of the country. Very bad, he says. Somebody needs to whisper in his ear that he is living in a city more dangerous than Chicago. Washington, D.C. was #13 on the list of worst cities. The example of heart disease comes out the same way, so I won’t go through the exercise of explaining it.

No, Chicago does not have shootings under control. And it is not as simple as catching the shooters and putting them in jail. Until whole neighborhoods are rid of despair and unjust economic barriers, there will always be a new generation of shooters who quickly rise to take their predecessors places.

But in the meantime, let’s no distort the facts. They are simple enough to dig up if anyone cares enough to do so.

There are more murders in Chicago each year than in New York and Los Angeles combined. But it isn’t the deadliest large city in America.

To those who read this post, I apologize for its length. If I had thought of an appropriate way, I would have made it shorter.

World Naked Bike Ride, Chicago Version

Strange and beautiful things happen in large cites. This is just one of them.

World Naked Bike Ride, June 9, 2017, Chicago Style :

The slogan of this ride was:

Celebrating freedom from oil and the beauty of people!

An enjoyable way to be “free from oil” is to ride a bike. And what better way to celebrate the beauty of people than to take off as much clothing as you feel “comfortable” witout reaching the point of embarrassment or self-shame.

The event’s architects planned for this.  Some significant number of riders wore some clothing or sported large amounts of body paint. What’s more, in Chicago you are subject to arrest if, man or woman, you reveal full frontal nudity  . In the spirit of the event the police tended to let it go. There were a significant number of people who participated au naturel.

Events like this Bike Ride in Chicago draw participants from smaller towns who have no practical way to pull this off in their home community.

Permanencia literaria

A los seguidores a quienes les gusta leer, por favor lean lo siguiente, escrito por la autora Jacinta Escudos, y dejan sus comentarios si les nace hacerlo. Muchas gracias, Richard

Jacintario

Hace pocos años, en uno de mis talleres de narrativa, le di de leer a los participantes algunos cuentos de El llano en llamas, del escritor mexicano Juan Rulfo. Varios son joyas del género y suelo usarlos para ejemplificar la efectividad del uso del diálogo, la descripción y la creación de ambientes mediante la sobriedad del lenguaje.

Pero cuando tocó discutir los cuentos, noté que algo pasaba. Pocos habían leído o terminado de leer los cuentos. Por fin, algunos participantes confesaron que les aburrió Rulfo y que querían leer cosas que tuvieran más relación con el tiempo actual.

Recordé mis días de colegio. De pronto me sentí como alguno de aquellos profesores que nos obligaron a leer textos que nos aburrían y que para muchos implicó el alejamiento definitivo de la lectura. Muy de vez en cuando, alguna de esas lecturas obligadas me impactaba y pasaba a formar parte de…

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LOS HUEVOS DE PASCUA QUE NOS BRINDÓ ROBERTO BOLAÑO

Y seguimos con Bolaño. Continúo el comentario que empecé en mi última entrada.

Con excepción de Pong, nunca en la vida he jugado videojuegos.  Lo poco que sé es debido a haber oído a mis hijos hablar de ellos.  Un aspecto que intensifica el entusiasmo de los jugadores son los  huevos de Pascua (inglés: Easter Eggs), una suerte de premios que los creadores de los juegos encastran en el software para que los jugadores astutos puedan sacar más provecho de su juego. Son difíciles de encontrar e identificar; parecen poca cosa, pero aguardan la posibilidad de más horas de diversión.

Sin duda Roberto Bolaño nos deja varios huevos de pascua en su novela Los sinsabores del verdadero policía (Anagrama, 2011). Primero, revisemos el contexto del autor durante el desarrollo de esta novela. Es fascinante la carrera de la creatividad artística contra el tiempo que exponen los últimos años de su vida. Bolaño  comenzó a escribir esta novela en 1985, pero no la había acabado antes de su muerte en 2003. Supo de su grave enfermedad hepática en 1993 y en el anunciamiento del lanzamiento de 2666, otra novela póstuma de Bolaño, la revista Semana nos explica lo siguiente:

Desde que se enteró, en 1993, de que sufría de una grave enfermedad hepática, este chileno se dedicó a escribir contra el tiempo: Bolaño era consciente de que su cuerpo no lo acompañaría hasta donde su fuerza creativa lo podía llevar.

Su afligido cuerpo iba a truncar la plenitud de creatividad que su ser contenía. ¿Cómo habría respondido este dotado autor a tal nueva?

De allí, los juevos de Pascua. Específicamente, en la Parte IV de Los sinsabores del verdadero polica, bajo el título de J. M. G. Arcimboldi, Bolaño interrumpe el flujo de su narrativa para dedicar cuatro breves capítulos a siete novelas escritas por Arcimboldi, un autor ficticio que ya había aparecido en otras obras de Bolaño, inclusive la muy reconocida y premiada 2666.  Segun la historia de este personaje,  Arcimboldi era el seudónimo  de, otro autor ficticio, Hans Reiter, y había ganado fama en el mundo literario y después simplemente se esfumó. No solamente nombró estas novelas, también incluyó  las editorales, fechas de edición, y una reseña de cada una.

Mi pregunta, basada en nada más la corazonada de un lector voraz, es: ¿En qué pensaba  Bolaño cuando decidió incluir tantos detalles de obras inexistentes?

Estamos hablando de un escritor obsesionado por su arte. Para mí es fácil creer que había tenido, en varios estados de desarrollo, ideas y bosquejos para otras obras en el futuro. Pero ya tenía que aceptar que lo poco de vida que le quedaba no fue suficiente para llevar estas obras a cabo. Intentando ponerme en su situación, me hubiera gustado publicar de manera encubierta mis proyectos que ya no era capaz de llevar a cabo , para que siempre quedara duda al respecto. Abajo les dejo un ejemplo citado directamente de esta novela.

El Bibliotecario (Gallimard, 1966, 185 paginas)

El protagonista se llama Jean Marchand. Es joven, de buena familia y quiere ser escritor. Tiene un manuscrito, El Bibliotecario, en el que trabaja desde hace tiempo. Una edirorial en donde es posible adivinar a Gallimard, lo contrata como lector. Marchand, de la noche a la mañana, se ve sepultado bajo de cientos de novelas inéditas. Primero decide postergar su libro. Luego decide abandonar sus pretensiones  literarias (al menos la práctica, si no la pasión) y dedicarse a la carrera de otros escritores. Se ve a sí mismo como un médico en un leprosario de la India, como un monje entregado a una causa superior.

Lee manuscritos, mantiene largas entrevistas con los autores, los aconseja, los llama por teléfono, se interesa por su salud, los presta dinero, pronto hay un grupo de unos diez que puede considerar algo propio, obras en cuya elaboración está implicado. Algunas, pocas, se publican. Hay fiestas y proyectos. Las otras, imperceptiblemente van engrosando una colección de manuscritos inéditos que Marchand guarda celosamente en su casa. Entre esos manuscritos ajenos, su novela El Bibliotecario, inconclusa y perfectamente mecanografiada, bien encuadernada, una belleza entre originales manoseados, borroneados, arrugados, sucios; un manuscrito hembra entre manuscritos machos. [. . .] Su prestigio en la editorial, como no podría ser menos, va en aumento. Ha recomendado la publicación de un joven escritor que es el éxito de la temporada,  [. . .]

Con el tiempo uno de sus escritores se suicida. Otro se pasa al periodismo. Otro, con recursos, escribe una segunda y una tercera novela que sólo Marchant leerá y elogiará. Otro publica en una editorial de provincia. . .

 

Este resumen continúa por una página más, adelantando una trama bolañiana y más detalles que en, su unidad, podrían imaginarse reseña de una novela inédita. Pero recordemos lo que el mismo Bolaño dijo sobre Los sinsabores del verdadero policía:

. . .Ochocientas mil páginas, un enredo demencial que no hay quien lo entienda”.

En mi opinión, su reseña de El bibliotecario, novela cuyo registro sólo lo está presente en los textos de Bolaño, nos presenta ese otro «enredo demencial» que realmente quiere tanto despistarnos como ubicarnos. Quien lea esta reseña por completo se enfrentará con una mezcolanza de información que en su totalidad «no hay nadie que la entienda». Es como ir a un restaurante y tener que lidiar con una carta que te restringe a una opción de ensalada de la Columna A, dos entradas de Columna B, o una opción de Columna B y otra de Columna C. Ese imposible seleccionar todo, entonces: ¿Qué incluir? ¿Qué dejar por fuera?

A mí me parece que Bolaño aprovecha la encrucijada de la proximidad de su muerte para tomarnos el pelo; es decir, para dejarnos un legado poco entendible y característicamente demencial.

Creo que le urgía compartir sus ideas sobre futuros proyectos. Pero él mismo no contaba con el tiempo necesario para refinar todas las posibilidades de cada proyecto. Así que nos guiñó y dejó todo, esperando que nadie fuera a divisar los huevos de pascua dentro de los siete batiburrillos indescifrables.

Los dejo con las palabras del mismo Bolaño, refiriéndose a Los sinsabores del verdadero policía:

El policía es el lector, que busca en vano ordenar esta novela endemoniada.

Divagaciones de un Gato

Gracias, Zoe Ruíz. Sabiduría felina que inspira la instrospección por parte de la raza humana.

Historias Furtivas

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He hecho uso de mis siete vidas caminando sobre infinitos tejados, en busca de respuestas, pero ni siquiera la Luna, que entiende el lenguaje de mis maullidos, ha podido ayudarme a resolver el misterio que envuelve a las personas. Así es, soy un gato y como todos los gatos, los perros o cualquier especie sobre y bajo la tierra, no consigo entenderlas. Quizás, su misterio radica en su contradictorio afán de mantenerse unidas, pero separadas por barreras, no como nosotros, que lo mismo nos da si somos angoras, siameses o callejeros y que nos reconocemos el uno en la mirada del otro, respetamos nuestros respectivos territorios y hacemos las paces después de reñir para obtenerlos. Las personas también son territoriales, pero no siempre hacen las paces y se aíslan alzando muros entre ellos, como si olvidaran que se necesitan entre sí. Sin embargo, después de cualquier suceso catastrófico, sea o…

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