The Supremacy of the Supreme Court

On Friday, May 8 of this year, the news service Reuters published a report by Andew Chung et al., entitled “How the Supreme Court protects cops who kill.” The crux of this report is the little-know legal doctrine called “qualified immunity”, created some 50 years ago by the Supreme Court itself.

This controversial doctrine is covered beautifully in the Reuters article, and for those interested in the details, I refer you to it. For my purposes here it is enough to say that this doctrine was originally intended to “protect government employees from frivolous litigation”, but SCOTUS has seen fit to expand its application to serve as protection for police officers accused of violating Fourth Amendment rights dealing with “cruel and unusual punishment.”

For the video of one incident involvolving the victim, Garrit Vos, during a mental health crisis, courtesy of Reuters you may find it here.

But police brutality is not the only issue. The real issue is the balance of power among our executive, legislative and judicial branches of government. Whatever balance there may have been intended, during the most recent 50 to 60 years, the Supreme Court has given itself unequal powers based on their interpretation of our U S Constitution and subsequent case law. Interpretation is the key word. Only they are empowered to interpret the Constitution and all the case law to come afterward.

Gone are the days of pure legal judgment regardless of politics. Now it is common to hear talk of Democrat and Republican Justices whose intrepretations are influenced heavily by the party of the President who gave them their life-long powers.

Remember the 2000 presidential election and the confusion of the “hanging chads” in the punch cards used by Florida election officials? In the end the Supreme Court gave the election to George W Bush on a decision not based on the Constitution nor subsequent case law. It was a political decision, a gift to the party responsible for appointing the most Justices to the Court.

Then came Citizens United in 2010. I would say it is probably the most un-American decision ever to be handed down. Essentially it gives large corporations and political organizations the same status as ordinary citizens when it comes to donating to political campaigns. How insane is this? And yet the only hope of setting it right is that that the same body will reverse itself. Some people talk of a Constitutional Amendment. Pie in the sky! One look at the machinations needed to pull this off will give you cause to believe in witchcraft.

History

Then: Thurgood Marshal: (1) Before serving as a Justice, he argued and won 29 of 32 mostly individual and civil rights cases before the Supreme Court;

(2) quoted as saying, “History teaches that grave threats to liberty often come in times of urgency, when constitutional rights seem too extravagant to endure.”

Now: Clarence Thomas: (1) No questions from the bench over a ten-year period;

(2) During confirmation was accused openly by Anita Hill of sexually harassing her over a period of years.

Then: Anthony Kennedy; (1) He [was] known for his reverence for legal precedent, for creating unlikely coalitions among the justices, and for being a strong advocate of free speech;

(2) quoted on record as saying “I do not think that we should select judges based on a particular philosophy as opposed to temperament, commitment to judicial neutrality and commitment to other more constant values as to which there is general consensus.”

Now: Brett Kavanaugh: (1): Played a role in the Bush v. Gore case in which, on December 12, 2000, the Supreme Court of the United States reversed a Florida Supreme Court request for a selective manual recount of that state’s U.S. presidential election ballots. The 5–4 decision effectively awarded Florida’s 25 votes in the electoral college—and thus the election itself—to Republican candidate George W. Bush.;

(2) Quote: “Yes, we drank beer. My friends and I. Boys and girls. Yes, we drank beer. I liked beer. Still like beer. We drank beer.”

Undoubtedly, the Court has become the dominant branch of our government. At the stroke of a pen they trash legislation and proclaim who our President should be. They have ruled that powerful corporations have the status of ordinary citizens even when they cannot cast a ballot, which is supposedly a basic right of every citizen.

Who’s to rein in the nine robed deciders of our destiny. I have no idea. I live with the hope that some one or some thing can cut them down to size.

EL VIRUS SOMOS NOSOTROS

Sí, mijo, hemos conocido al enemigo, y somos nosotros.              (De la tira cómica, Pogo, por Walt Kelly)

Pérdóname, Sr. Kelly, por parafrasear su cita famosa así: Sí, mijo, hemos conocido al virus, y somos nosotros.

Con agradecimiento a mi amiga Marcela por plantar esta idea en mi cabeza:

Es cada vez más común hablar de nuestro planeta como un organismo vivo, y de todos los especies de animales que han habitado la Tierra desde el principio, nosotros, los seres humanos, somos el único especie con la capacidad de cambiar su ambiente e impactar directamente su bienestar.

Cuando, al principio, había dos de nosotros, quienes carecían de todo conocimiento con excepción del reconocer el bien y el mal, el planeta fue protegido contra nuestra eventual inteligencia egoísta y peligrosa.

Al puro comienzo éramos una mujer y un hombre, pero durante relativamente pocos milenios habíamos reproducido explosivamente hasta que hoy día somos aproximadamente ocho mil millones de seres humanos. Esta cifra representa una expansión de 2 elevado a 33 para quiénes les gusta saber una medida entendible de nuestro crecimiento.

Con este crecimiento hemos podido dominar al fuego, sembrar cosechas, criar cada vez más animales que nos sirven y que comemos, pescar con exceso en los lagos, ríos, y mares; descubrir combustibles fósiles que nos permiten vivir en áreas anteriormente inhóspitas y darnos la capacidad de viajar a casi toda la superficie del planeta.

Hemos cavado y explotado Tierra adentro para minar metales y joyas preciosas y desde luego petróleo y gas. Después, aprendimos a desencadenar la potencia nuclear para poseer las fuerzas más destructivas que el planeta nunca antes había experimentado. Las religiones y naciones que habitan la Tierra nunca han aprendido vivir en paz, y es solo cuestión de tiempo antes de que estas fuerzas tan devastadoras son locamente usadas en una guerra donde el ganador pierde todo.

La temperatura de nuestra Tierra está subiendo debido a nuestra presencia, una fiebre que causa incendios, intensifica el poder de los huracanes, derrite nuestros glaciares y desborda nuestros mares. 

A estas alturas, todos nosotros—los ocho mil millones—hemos llegado a ser el virus, y este virus está causando daños muy graves al organismo que habitamos.

Mientras tratamos de determinar de dónde viene este virus COVID-19 y cuál es su propósito, acaso éste sea un ejército de anticuerpos cuyos propósitos son disminuir nuestra población e infundir en los que siguen vivos una reverencia al único organismo que nos soporta.

 

 

Mi escritor predilecto: Juan Carlos Onetti

“La existencia del pasado depende de la cantidad del presente que le demos, y es posible darle poca, darle ninguna.”

--Los adioses, Juan Carlos Onetti

Un tema muy difícil de tratar es ello del ‘pasado’. Se puede decir que ya no existe; es como una estrella distante que creció de manera incontrolable y después se desvaneció–se esfumó para nunca más ser parte del universo.

También se dice mucho en ingles que una persona dwells in the past (habita el pasado). En este sentido el pasado debe existir, por lo menos como una abstracción que se puede pensar, recordarse imperfectamente, y, por lo tanto, discutirse. Lo imposible es cambiarlo.

Es esta clase de pasado del cual Onetti nos habla. Fíjense que no nos dice que darle una parte del presente es de beneficio o es un error. Lo único que implica es que sí puede tener algún valor que afecte el presente, y en tal caso deberíamos darle una parte del presente conmensurable con el valor que tenga. Es aquí que nuestras imperfecciones nos tienden la trampa.

PALABRAS O SENTIMIENTOS

 

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Hasta el mismo Esopo aceptó, de alguna manera u otra, que las palabras necesitaban convertirse en hechos. ¿Pero cómo etendemos la naturaleza y el efecto de un hecho? Diría yo, aprovechando la mente acuciosa y sabia de Juan Carlos Onetti, que en la mayoría de los casos los hechos ocurren sin palabras antecedentes. La única excepción es si el hecho es un voto o una promesa. Hay muchos ejemplos y les dejo tres: 1) Dos autos se chocan en una encrucijada; 2) Un estudiante de la U recibe una nota aceptable por su tesis; 3) Un tren llega más de una hora tarde a la estación.

Los tres son hechos, pero en sí no nos comunican casi nada. Nos hace falta saber las reacciones sentimentales de cada conductor, del estudiante que recibió la nota y cómo se sentían las varias personas en la estación del tren despues de que supieran del atrazo. Pensándolo bien, puede que resulten sentimientos positivos y negativos del mismo hecho.

En lugar de la sabiduría popular (por más antigüa que sea), yo encuentro en las frases de Juan Carlos Onetti la sabiduría atemporal. A primera vista la diferencia que verán les puede parecer insignificante, pero la sabiduría que hallo en ciertas frases de Onetti me asombra:

Porque los hechos son siempre vaciós, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene.

Es verdad; el vacío que es un hecho nunca puede llenarse o formarse de palabras porque la palabra es siempre vacía también.

En cambio, los sentimientos sí tienen forma, y tienen masa también.

Muchos de los hechos suceden al azar, pero sus consecuencias generan respuestas emocionales.

 

 

 

La paradoja del lenguaje inclusivo — (CASI) LITERAL

Esta entrada fue escrita por la presentadora guatemalteca  ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA.

Esta entrada me puso a pensar más de ninguna otra desde hace muchos meses. Se la recomiendo sin reservas, especialmente si quieres reflexionar sobre uno de los temas más importantes del Siglo XXI.

Cordialmente, Richard

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

via La paradoja del lenguaje inclusivo — (CASI) LITERAL

Trenzado

Esta breve y poderoso poema fue escrito por Marina López Ferández. No puedo explicarles por qué me conmovió tanto, lectura tras lectura. Creo que fue el intento de ligar dos cosas, aves y sueños. Los dos son efímeros, aves en el mundo tangible, y los sueños pasan por al mundo subconsciente y, en muchos casos, al olvido, aun antes de que el soñador se despierte. No obstante, de cuando en cuando un ave se queda en el arbol del pation y un sueño se queda en la memoria.  Cuáles se quedan y cuáles se van nunca están bajo nuestro control.

Qué encantador es este poema en el cual pocas palabras resultan en tantas reflecciones.

Por el hueco de la escalera

Pensando…,

intenté ligar

Aves

con tiernos sueños…

Soñando…,

dejé escapar

Nidos

con susurros huecos…

De pensamiento

M. L. F

Origen: El poder de las letras…

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Of Love and Other Mysteries

 Try this exercise: Go out to a park or into a bar or church and ask several individuals their definition or understanding of ‘love’.

The answers you succeed in getting will surely be disparate and difficult to synthesize. Our age, sex, culture, religion (if any) and personal experiences will all influence our responses. Many will believe that true love, like Peace on Earth and other ideal states, is unattainable. Others will believe it’s a discipline, so if you play according to the rules, it will eventually be yours. Some will confuse it with infatuation —an obsessive and unsustainable flooding of emotions, that will always include that I’ll-die-if-you-leave-me feeling.

So what is it, exactly?

There is no simple answer and, indeed, it may be beyond human capacity to define. I believe this but respect the rights of others to define it as they will. One of the most challenging definitions is the following, which is often read at church weddings here:  

Love is patient, love is kind. It does not envy, it does not boast, it is not proud. It does not dishonor others, it is not self-seeking, it is not easily angered, it keeps no record of wrongs. Love does not delight in evil but rejoices with the truth. It always protects, always trusts, always hopes, always perseveres. (1 Cor. 13:4-7)

If this doesn’t make you count to ten, take a deep breath, think twice or leave the door to conjugal love closed altogether, then nothing will.

One of my favorite authors is Raymond Carver, known widely for his short stories and poetry. He was a smoker and full-blown alcoholic, who eventually sought treatment for his addiction in 1974, though he continued to drink until his third 682F5342-68F8-4F01-B5C9-F25DB515DE8Chospitalization in 1977. Among other things, he was warned that the threat of death was imminent for him if he kept drinking.

During that same year he met Tess Gallagher at a writers’ conference in Dallas, TX, and in 1979 they began to live together. They waited until June of 1988 to marry and six months later Carver died of lung cancer on August 8, 1988. Carver hadn’t divorced his first wife until 1982, and much of his earlier emotional troubles were undoubtedly traceable beak to their married life and eventual breakup.

Carver and Tess knew he was dying well before they decided to marry. Somewhere within his troubled history he had kept his sense of love alive. His prior life and decision to marry made me look into his work to see what he thought of love. I will leave you with two of his poems, both written just prior to his death, which fulfilled my search.

Cherish

From the window I see her bend to the roses
holding close to the bloom so as not to
prick her fingers. With the other hand she clips, pauses and
clips, more alone in the world
than I had known. She won’t
look up, not now. She’s alone
with roses and with something else I can only think, not
say. I know the names of those bushes
given for our late wedding: Love, Honor, Cherish—
this last the rose she holds out to me suddenly, having
entered the house between glances. I press
my nose to it, draw the sweetness in, let it cling—scent
of promise, of treasure. My hand on her wrist to bring her close,
her eyes green as river-moss. Saying it then, against
what comes: wife, while I can, while my breath,                                                               each hurried petal
can still find her.

Late Fragment[1]

And did you get what
you wanted from this life, even so?
I did.
And what did you want?
To call myself beloved, to feel myself
beloved on the earth.”

Please take from them what you find, even if it is nothing. For me, they take me closer to and understanding of love in its fullest sense.

 

[1](Both poems) Carver, Raymond (1989) A New Path to the Waterfall. New York, NY: Atlantic Monthly Press

Juan Carlos Onetti Sobre la Fe

80ACF78D-C31E-4CF9-915C-F2CE081BBF1AUn gran don que tenía Juan Carlos Onetti era el de enfurecer a la gente que se jactaba de su superioridad moral. Sin lugar a dudas la siguiente cita tomada de su novela Dejemos hablar al viento es inflamatoria, especialmente para la gente que cree que ya conoce la única real y completa verdad que conlleva el poder de salvar o condenar.

En lugar de profundizar este candente tema aún más, prefiero que el mismo Onetti exprese su, al parecer, radical opinión de la ‘fe’.

Desde muchos años atrás yo había sabido que era necesario meter en la misma bolsa a los católicos, los freudianos, los marxistas y los patriotas. quiero decir: a cualquiera que tuviese fe, no importa en qué cosa; a cualquiera que opine, sepa o actúe repitiendo pensamientos aprendidos o heredados. Un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre. La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal; es bueno escucharlos asintiendo, medir en silencio cauteloso y cortés la intensidad de sus lepras y darles siempre la razón. Y la fe puede ser puesta y atizada en lo más desdeñable y subjetivo. En la turnante mujer amada, en un perro, en un equipo de fútbol, en un número de ruleta, en la vocación de toda la vida.

(Onetti, J.C., 2016, Dejemos hablar al viento; Barcelona; Penguin Random House, p.p. 17-18)

Creencias como ésta de Onetti son capaces de airar a quienes basan su fe en una realidad absoluta, algo que Onetti quiso desmentir filosófica y teológicamente.

La mejor expresión de la realidad en términos humanos se encuentra en este ensayo El Humanismo Radical de Juan Carlos Onetti, escrito por Victor Hugo Martínez González:

Ese misterio [de la vida] consiste, para Onetti, en la capacidad humana de reponer un Sentido que la realidad deshace. Donde el individuo concibe lo absoluto, la realidad responde con la finitud y precariedad de toda experiencia; lo que debería ser trascendente se concreta así en un accidentado orden de desengaños. Por esa consciencia de la humana desgracia, Onetti subsana con la ficción el carácter incompleto de la vida, disloca y reinventa lo que sin la imaginación más libre y subversiva sería insoportable.

Para mejor entendimiento de las obras de Onetti, es esencial reconocer este recurrente tema de que el ser humano no tiene capacidad de captar el sentido de cualquier realidad absoluta, y en su defecto sigue una y otra vez aferrándose  a los imperfectos e incompletos sentidos que resultan de este ‘accidentado orden de desengaños.

 

Bolaño: Encuentro de historias culturales

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En mi última entrada puse la cita siguiente tomada de la novela 2666 de Roberto Bolaño, escrita durante los últimos años de su vida. No me acaba de sorprender su intensidad, sus maneras de ser interpretada. Debajo de la misma cita  se encuentran mis interpretaciones sobre lo que Bolaño quiso decirnos en este párrafo.

“Ivánov, un escritor de verdad, un artista y un creador de verdad era básicamente una persona responsable y con cierto grado de madurez. Un escritor de verdad tenía que saber escuchar y saber actuar en el momento justo. Tenía que ser razonablemente oportunista y razonablemente culto. La cultura excesiva despierta recelos y rencores. El oportunismo excesivo despierta sospechas. Un escritor de verdad tenía que ser alguien razonablemente tranquilo, un hombre con sentido común. Ni hablar demasiado alto ni provocar polémicas. Tenía que ser razonablemente simpático y tenía que saber no granjearse enemigos gratuitos. Sobre todo, no alzar la voz, a menos que todos los demás la alzaran. Un escritor de verdad tenía que saber que detrás de él está la Asociación de Escritores, el Sindicato de Artistas, la Confederación de Trabajadores de la Literatura, la Casa del Poeta. ¿Qué es lo primero que hace uno cuando entra en una iglesia?, se pregunta Efraím Ivánov. Se quita el sombrero. Admitamos que no se santigüe. De acuerdo, que no se santigüe. Somos modernos. ¡Pero lo menos que puede hacer es descubrirse la cabeza! Los escritores adolescentes, por el contrario, entraban en una iglesia y no se quitaban el sombrero ni aunque los molieran a palos, que era, lamentablemente, lo que al final pasaba. Y no sólo no se quitaban el sombrero: se reían, bostezaban, hacían mariconadas, se tiraban flatulencias. Algunos, incluso, aplaudían.”

Lo que primero me sorprende de estos pensamientos de Efraím Ivanov es que se encuente cinco veces en este párrafo la frase “un escritor de verdad”. Esta repetición está en pleno contraste con la única mención de otros autores –aquella de “los escritores adolescentes”. Ahora bien, ¿Qué se puede decir de la diferencia entre ‘un escritor de verdad’ y ‘un escritor adolecente’? Yo veo una clara distinción, una jerarquía inegable en la mente de Ivánov.

B72E2945-7A0C-4D5E-8957-57DA9E206263De acuerdo con este texto el escritor de verdad tenía que ser casi igual que todos los otros escritores de verdad. Los parámetros eran muy restringidos. No había mucha libertad de expresarse porque aquellas normas implicaban una estricta uniformidad.

En los años 40 del siglo XX, Ivánov se nos expone pensando lo que le faltaba a él para que tuviera más éxito en su trabajo de escritor. Creía que necesitaba, “El paso decisivo, el golpe de audacia.” En seguida ocupan sus pensamientos el “. . .joven judío Ansky y sus ideas disparatadas, sus visiones siberianas, sus incursiones en tierras malditas, el caudal de experiencia salvaje que solo puede tener un joven de dieciocho años.” De allí Ivánov sigue para despreciar de una manera u otra a unos diez escritores más, que fueran escritores de ficciones, de poesía, o dramaturgos.

Si buscamos el periodo de los autores rusos de verdad, una opción que me llama mucho la atención, es aquello que comienza con Puskin en los años 30 del siglo 19, junto con Dostoyevsky, Tolstoy, Turgenev, Chekhov.

A partir de 1890, la novela y poesía rusas empezaron a mostrar una predilección por el fermento intelectual que incluye el misticismo, ascetismo, neo-Kantianismo, erotismo, marxismo, apocaliptcismo, nietzscheanismo y otras movimientos combinados entre si en maneras improbables.

Me parece que Ivánov se coloca en la época justo después de los autores rusos clásicos arriba mencionados. Aprovechando su analogía del comportamiento en la iglesia, él mismo admite que no se santigua al entrar —‘Somos modernos”.

Para la gran mayoría de los autores de la época, la novela todavía mantenía convenciones de lenguaje y de la representación de ciertas acciones de los personajes. No se escribieron palabrotas o escenas de expresiones sexuales. Esta convención continuó por décadas después de la época de Ivánov, con excepción de los libros pornográficos disponibles en los mercados clandestinos. En aquella época, los escritores de verdad podían contar con el visto bueno de la iglesia cuando éstos no eran prohibidos y se escapaban del Index Librorum Prohibitorum –Libros prohibidos por la Iglesia Católica.

Ivánov decía ‘Somos modernos’, y nos explica este término diciendo que ya no se santigua al entrar en una iglesia. Nos dice que ya no es, según su propia definición, un autor de verdad. Pero no se ha alejada mucho de ellos; son los jóvenes autores que se han roto con todas las normas y reglas de la escritura de verdad. Son ellos quienes no se quitan el sombrero, y después hacen despreciables disrupciones hasta aplaudir y tirar flatulencias.

Este párrafo de 2666 trata el tema de la evolución literaria, hay muchos componentes de las culturas que ha seguido la misma trayectoría: las religiones, al principio del dogma, los ritos  y las creencias propios y a veces exclusivos, una exclusividad que ha sido motivos de guerras y ejecuciones. Casi todas ya han evolucionado hasta que el dogma, las creencias y los ritos carecen de normas. Se podría decir que cada grupo de fieles (¿Files a qué y a quién?) tiene su religión particular. Al pensarlo bien, lo mismo ha pasado en los campos de la música, los componentes de una ‘buena educación’, la ética, la moral, etcétera.

 

La aguja hallada entre un montón de agujas

Hace casi tres años, mi hijo me regaló un ejemplar de la novela más larga que nunca había leído antes. Soy lector voraz, pero solía escoger novelas de 800 páginas para abajo.

La novela regalada abarca 1104 páginas (edición de Vintage Español) y, desde luego, se llama 2666, escrita por Roberto Bolaño. Ya era aficionado a otras obras de Bolaño, cinco o seis novelas de altísima calidad y de las cuales la más larga (Los Detectives Salvajes) mide un poquito menos de 600 páginas.

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Baste decir que al principio este tomo de 2666 me parecía un desafío insuperable. Pero después de haber leído varios relatos e historias sobre esta novela, en junio de este año decidí leerla sin importarme cúanto tiempo me fuera a exigir.   ¡Gracias, mi hijo; gracias, mi esposa; gracias, Roberto Bolaño por haberse unido para que yo pudiera disfrutar este libro tan importante en la literatura mundial!

Tengo mucho que comentar sobre esta novela, así que ésta es la primera entrada qué escribiré al respecto. En total, creo que publicaré unas cinco entradas más, cada una con una perspectiva distinta.

Entre tanto, los dejo con esta cita, que comienza en la página 892 y termina en la 893. En esta época de la novella, Ivánov es un escritor, y nos ofrece este comentario de lo que es un escritor de verdad. Yo encuentro mucho más entre ringlones. Y ustedes, ¿Qué opinan?

Para Ivánov, un escritor de verdad, un artista y un creador de verdad era básicamente una persona responsable y con cierto grado de madurez. Un escritor de verdad tenía que saber escuchar y saber actuar en el momento justo. Tenía que ser razonablemente oportunista y razonablemente culto. La cultura excesiva despierta recelos y rencores. El oportunismo excesivo despierta sospechas. Un escritor de verdad tenía que ser alguien razonablemente simpático y tenía que saber que no granjearse enemigos gratuitos. Sobre todo, no alzar la voz, a menos que todos los demás  la alzaran. Un escritor de verdad tenía que ser alguien razonable tranquillo, un hombre con sentido común. Ni hablar demasiado alto ni provocar polémicas. Tenía que ser razonable simpático y tenía que saber no granjearse enemigos gratuitos. Sobre todo no alzar la voz, a menos que todos los demás la alzaran. Un escritor de verdad tenía que saber que detrás de él está la Asociación de Escritores, el Sindicato de Artistas, la Confederación de Trabajadores de la Literatura, la Casa del Poeta. ¿Qué es lo primero que hace uno cuando entra en una iglesia?, se pregunta Efraím Ivánov. Se quita el sombrero. Admitamos que no se santigüe. De acuerdo, que no se santigüe. Somos modernos. ¡Pero lo menos que puede hacer es descubrirse la cabeza! Los escritores adolescentes, por el contrario, entraban en una iglesia y no se quitaban el sombrero ni aunque los molieran a palos que era, lamentablemente, lo que al final pasaba. Y no sólo no se quitaban el sombrero: se reían, bostezaban, hacían mariconadas, se tiraban flatulencias. Algunos, incluso, aplaudían.